
Ahora podemos diseñar hongos que crecen como cultivos… pero saben a carne.
Usando CRISPR, científicos lograron transformar al hongo Fusarium venenatum —ya reconocido por su textura similar a la carne— en una fuente de proteína aún más eficiente, rápida y sostenible. El resultado es una nueva cepa que produce proteína un 88 % más rápido, requiere un 44 % menos de azúcar y reduce hasta en un 60 % las emisiones asociadas a su producción.
La agricultura animal ocupa cerca del 30 % de toda la superficie terrestre y genera alrededor del 14 % de los gases de efecto invernadero globales. Incluso la avicultura, considerada una de las carnes más eficientes, demanda agua, alimento y grandes extensiones de terreno. Frente a esto, hongos como Fusarium ofrecen una alternativa poderosa.
Al cultivarse en biorreactores —igual que la cerveza— no necesita campos, ni animales, y ahora, gracias a la edición genética, requiere muchos menos recursos.
La clave del avance estuvo en eliminar dos genes específicos: uno redujo el grosor de la pared celular, facilitando la digestión de la proteína; el otro optimizó su metabolismo para crecer más rápido con menos azúcar y nutrientes.
En todos los escenarios analizados —desde China dependiente del carbón hasta Finlandia con una matriz renovable— la nueva cepa, llamada FCPD, mostró una huella ambiental menor que el hongo original y que la carne convencional. Frente a la producción de pollo en China, FCPD utilizó un 70 % menos de tierra y generó un 78 % menos de contaminación de agua dulce.
Y es importante: esto es edición génica, no transgénesis. No se añadió ADN extranjero, un detalle que podría facilitar su aceptación tanto regulatoria como pública.
Las implicaciones trascienden las hamburguesas. En un mundo donde la demanda de alimentos aumenta y la tierra cultivable disminuye, soluciones como FCPD podrían convertirse en un pilar para alimentar al planeta sin profundizar la crisis ambiental.
Fuente: Trends in Biotechnology / Xiao Liu